Revista Falmed Educa
Año 3 / Edición Especial 2015

Opinión

Mis colegas, nuestros pacientes, los comentarios…


"Los comentarios negativos que realizamos acerca del desempeño de un colega en el ejercicio de la profesión pueden tener consecuencias deletéreas para ese colega en los más diversos planos, profesional, personal y judicial".
03/03/2016 | Por: Dr. Miguel Umaña F., integrante del CEJEF
Por motivos diversos, relacionados en forma directa o indirecta con nuestra profesión, el ejercicio de la medicina ha variado durante los últimos años. Éste ha cambiado en diversos aspectos: aproximación diagnóstica, terapéutica, relación médico-paciente, influencia de los seguros de salud, irrupción de los grandes prestadores corporativos, pérdida de la independencia de los médicos como profesionales liberales, relación entre colegas, influencia de la industria farmacéutica y judicialización de la medicina, entre otros.

Por otro lado, a los médicos nos atrae la idea de poder cuantificar aquellos fenómenos con los que nos relacionamos, particularmente en relación a las enfermedades y sus tratamientos. Sin embargo, existen aspectos en los cuales es algo más difícil realizar aquello y por lo tanto son abordados de manera cualitativa, o bien, ante la carencia de estudios serios, caen en el anaquel de las verdades compartidas a modo de secretos a voces, sin respaldos objetivos pero como hechos incuestionables.

Pocos de nosotros podríamos negar que los comentarios negativos que realizamos acerca del desempeño de un colega en el ejercicio de la profesión pueden tener consecuencias deletéreas para ese colega en los más diversos planos: profesional, personal y judicial. Sin embargo, poder determinar cuánto de un evento adverso, siniestro jurídico, reclamo, o cualquiera sea la denominación de un proceso en nuestra contra se debe a un mal comentario emitido por un colega, es una tarea algo más difícil.

Sabemos que los códigos de ética en forma más o menos generalizada aluden a evitar los malos comentarios entre colegas y el de nuestro Colegio Médico alude al marco de respeto, lealtad y consideración sobre el que deben descansar las relaciones entre los médicos. Además sabemos que en el ejercicio de la medicina nos encontraremos inevitablemente en el rol de tratante, interconsultor o médico referente en más de alguna oportunidad y, sin embargo, incurrimos en esta práctica, más allá de la denuncia de actividades fraudulentas o criminales, a veces con el objetivo de validarnos con nuestro nuevo paciente, otras con el de además demostrar nuestra superioridad profesional.

Los médicos vemos a nuestros pacientes desde distintas posiciones, algunos interpretan las imágenes radiológicas, los tejidos o frotis celulares a través de los sistemas microscópicos, alguien es el tratante, otros son interconsultores, algunos intervendrán colateralmente y, eventualmente, alguien recibirá esa posta en forma permanente o transitoria, todos con un mismo objetivo. Y, si tomamos distancia, cualquiera sea nuestra posición en ese caso particular, tendremos la posibilidad de observar y observarnos como actores de esa secuencia terapéutica que cooperativamente construyen un buen resultado.

Los pacientes y sus enfermedades nunca son evaluados bajo la misma óptica por distintos colegas, por ser éstos de distintas especialidades o bien de la misma pero en otra situación y momento de la evolución del proceso patológico o porque las experiencias y los conocimientos son distintos, los antecedentes y calidad de exámenes complementarios son otros.

No debiésemos perder nunca de vista que la relación con mi colega debe ser respetuosa, mal que mal si el paciente nos fue derivado, mi colega está reconociendo a mi medicina y mí como médico. Debiese, en lo posible, comunicarme con él cuando el problema se solucionó para compartir mis puntos de vista.

Al dejar nuevas indicaciones o emprender un tratamiento distinto, no debiésemos dejar de tener en cuenta que la situación en el momento en que vio a nuestro paciente mi colega era distinta y los antecedentes que ambos tuvimos también lo son. Si al realizar este cambio, no los explicamos en forma adecuada, no avisamos a nuestro colega y agregamos un comentario peyorativo, lo estaremos dejando como despreocupado e ignorante. El paciente desde luego no volverá a ver a su antiguo doctor y lo habremos "robado".

El modelo de atención moderno deliberativo, que exige un diálogo amistoso con el paciente, en búsqueda de la mejor alternativa para él, no debiera dejar como efectos colaterales el prestigio y/o la confianza que previamente se establecieron con otro colega. En último término, esto no ayudará terapéuticamente al paciente y sembrará eventualmente la semilla para que seamos nosotros los cuestionados en el futuro, ¿o es que yo nunca me equivoco?

Considerando que existen varios factores emergentes que influyen en el aumento de la judicialización de la medicina, resulta paradojal que uno de los que depende enteramente de nosotros, los más interesados, siga apareciendo en forma recurrente en las bitácoras de los procesos judiciales, las mediaciones y los sumarios administrativos.

Existen siempre los canales formales para hacer llegar las observaciones o denuncias sobre diferencias en el tratamiento de los pacientes, sin recurrir al menoscabo de los colegas y protegiendo la integridad de nuestros pacientes, sin perjuicio del rol de peritos o testigos en instancias de litigio, en las cuales los médicos tenemos la responsabilidad legal de entregar información objetiva de actos médicos cuestionados.

Falmed se ha ido formando una clara idea en torno a este controversial tema y fomenta una relación armoniosa entre colegas que permita un intercambio de ideas por cursos formales y evitar la emisión de comentarios inadecuados. Lamentablemente, lo contrario ocurre con más frecuencia que lo deseable y los testimonios quedan registrados en forma permanente en la memoria de los pacientes y/o sus familiares o acompañantes.

Si existen confiables testimonios de gestos solidarios entre colegas médicos que estaban adscritos a bandos enemigos en el frente oriental durante la Batalla de Stalingrado en la Segunda Guerra Mundial, demostrando que incluso en las peores condiciones se pueden preservar las relaciones especiales entre los médicos, desde luego me parece que no es una aspiración ambiciosa imaginar una mejor relación entre nosotros, con mayor generosidad y respeto, sin olvidar el bien superior de nuestros pacientes, comunicándonos más y mejor para mantener esa relación única entre colegas que le dan a nuestra noble profesión ese carácter especial y exclusivo que merece ser conservado.


Bibliografía:
-Soto Obrador, Santiago. Mi Querido Doctor. Santiago, Chile. Ed. Asociación Chilena de Seguridad. 1991.
-Beevor, Antony. Stalingrado. Barcelona, España. Crítica, 2000.
-Carvallo V, Aurelio. Médicos y profesionalismo. Pacientes e Información. Rev. Méd. Chile 2005; 133.
-Heifetz Ronald A., Linsky Marty. Leadership on the Line. Harvard Business School, Boston, Massachusetts. 2002.

-

-

-