Publicado en Revista Falmed, diciembre 2008.
Tal como un piloto de avión debe confiar en su equipo en tierra, en el personal de vuelo y en los controladores de tráfico aéreo para lograr un vuelo seguro y exitoso, el cirujano es parte de un equipo responsable del cuidado de un paciente, y cada uno de sus miembros tiene un rol que cumplir para lograr buenos resultados.
Actualmente, las intervenciones de cirugía mayor en el mundo ascienden a 234 millones por año. Diversos estudios concluyen que un porcentaje considerable de esas intervenciones provocan complicaciones y muertes.
En los países industrializados entre el 3% y el 16% de las intervenciones quirúrgicas practicadas en pacientes hospitalizados tiene complicaciones graves, y las tasas conexas de discapacidad permanente o mortalidad oscilan entre un 0,4% y un 0,8%.
En los países en desarrollo las tasas de defunción correspondientes a las intervenciones de cirugía mayor oscilan entre un 5% y un 10%. Las infecciones y demás complicaciones postoperatorias también representan un grave problema a nivel mundial.
Esos mismos estudios sugieren que la mitad de esas complicaciones podrían prevenirse.
Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene una campaña para mejorar la seguridad de las operaciones en el mundo entero. Como parte de ese programa elaboró una nueva lista de comprobación de las normas de seguridad que los equipos quirúrgicos pueden utilizar en las operaciones.
La iniciativa de la “checklist”, también conocida como “pausa de seguridad”, es fruto de una labor conjunta dirigida por la Escuela de Salud Pública de Harvard, en la que participan más de 200 sociedades médicas nacionales e internacionales y ministerios de salud.
El objetivo final de la lista de la OMS es ayudar a que los equipos sigan de manera constante una serie de pasos de seguridad y así minimicen los problemas más comunes y evitables que ponen en riesgo la vida y bienestar de los pacientes quirúrgicos.
Una valiosa “pausa de seguridad”
Según se desprende de los resultados preliminares obtenidos en casi mil pacientes que participaron en ocho iniciativas piloto en diversas partes del mundo, la utilización de la lista casi duplica las probabilidades de un paciente de recibir una atención quirúrgica conforme a las normas pertinentes. La implantación de este instrumento en los centros piloto ha propiciado un aumento de la adhesión a las normas de atención quirúrgica del 36% al 68%, alcanzándose en algunos hospitales niveles cercanos al 100%. Esto, a su vez, ha incidido en notables reducciones de las complicaciones y defunciones dentro del grupo en cuestión.
La lista de comprobación fue diseñada considerando que fuera breve y simple. Muchos de los pasos incluidos son considerados como parte de la práctica de rutina en muchos centros asistenciales, pero rara vez son seguidos en su totalidad. Cada servicio quirúrgico debe practicar con la lista y analizar cómo integrar estos pasos de seguridad esenciales en su flujo de trabajo normal.
La lista de comprobación identifica tres etapas dentro del proceso operatorio. En cada una de ellas debe permitirse que un coordinador encargado de la lista confirme que el equipo ha completado las tareas pertinentes, antes de seguir adelante con la operación. El coordinador puede ser una enfermera, pero también cualquier otro miembro del equipo que participa en la operación.
El coordinador debe evitar que se pase a otra fase de la operación hasta que cada ítem sea ejecutado satisfactoriamente, pero al hacerlo puede molestar a otros miembros del equipo. Por ello, los centros asistenciales deben considerar cuidadosamente quién es el más adecuado para este rol.
El indispensable trabajo en equipo
Tomará cierto tiempo que los equipos aprendan a usar la lista eficientemente. Algunos la considerarán una imposición o incluso una pérdida de tiempo. El objetivo no es recitarla de memoria o interrumpir el flujo de trabajo.
El éxito en su implementación requiere adaptar la lista a las realidades locales. Sin embargo, es absolutamente inconveniente sacar ítems de seguridad con el argumento de que no pueden cumplirse en ciertas circunstancias.
Esto no será posible si no hay un verdadero compromiso de los líderes de los centros asistenciales. Es indispensable que los jefes de cirugía, anestesia y de enfermería manifiesten públicamente su convicción de que la seguridad es una prioridad y que el uso de esta lista de la OMS puede ayudar a lograr ese objetivo. Para demostrarlo, deben usar la lista en sus propias intervenciones y consultar permanentemente a otros el avance en su implementación. Si no hay un liderazgo claro, implementar esta lista puede producir descontento y antagonismo.
Esta lista de la OMS ha sido usada con éxito en centros asistenciales de distintas características y con diversas realidades en cuanto a recursos disponibles. La experiencia muestra que con educación, práctica y liderazgo, se pueden superar las barreras de su implementación. Con planificación adecuada y compromiso se puede lograr una profunda diferencia en la seguridad de la atención quirúrgica.
(* Material traducido y reproducido con autorización de World Health Organization Press)
Para conocer la "pausa de seguridad" sugerida por la OMS, vea aquí nuestra revista.